Un nudo en el pecho.

Miro la televisión. Guerras, atentados, muertes atroces en nombre de religiones, países o creencias. Torturas a otros seres humanos. Violaciones, asesinatos, secuestros, robos con violencia. Apago la tele. Y ese nudo en el pecho se queda ahí todo el día. 

Miro las redes sociales. Gente insultándose, faltas de respeto, intolerancia, homofobia, niñofobia, desigualdad de la mujer, más insultos. Críticas destructivas, maldad, envidia, pisotones. Cierro las redes sociales. Otro nudo se suma.

Miro a mi alrededor. Gente sin trabajo o gente con trabajo pero infeliz. Gente que vive sólo echando de menos lo que no tiene o para los que nada es suficiente. Gente que quiere más y no le importa qué se deja en el camino. Más envidia, más pisotones, más insultos, más intolerancia. Cierro la puerta y me quedo en casa, qué triste ver a la gente cuando no es feliz, a pesar de tenerlo todo para serlo.

Y luego la naturaleza. Enfermedades que surgen sin avisar para llevarse, con años de sufrimiento para todos, a cualquiera que se ponga en su camino. Enfermedades que vienen de un día para otro y también se los llevan. Mayores, adultos, niños, bebés. No mira quién, cuándo, ni dónde, sólo vienen y se los llevan. Muerte. La única certeza que tenemos desde que nacemos.

Entonces cierro los ojos y tengo ese inmenso nudo en el pecho que se vuelve dolor. Culpa y remordimiento. ¿Por qué he decidido ser madre? ¿No es sólo por egoísmo?

¿No es sólo porque YO quería tener hijos, YO quería sentir lo que es ser madre, YO quería que de mi amor naciera otro ser? Pero.. ¿para qué? ¿Para traerla a un mundo donde todo lo que se ve es maldad? ¿Para estar sufriendo un segundo tras otro por si es una enfermedad la que decide llevársela? ¿O pidiendo que no sea la maldad humana la que le haga daño?

Me duele responder a estas preguntas porque sí, me siento egoísta. Siento que decidí ser madre por mí, más que por los que vinieran. Y lloro por ello. También sé que es natural. Que forma parte del ciclo de la vida, de nuestra forma de ser y de nuestra especie. Pero si en algo nos diferenciamos de las demás es que podemos reflexionar sobre ello, y cuando yo lo hago, lloro.

Carlos dice que luego está todo lo bonito y bueno de la vida. El amor, la familia, la amistad, los sentimientos, la pasión, los sueños que se cumplen. Sí, está todo eso. Pero no sé si Sofía lo tendrá. Sé que lucharé porque así sea, que daré todo de mí porque así sea, pero no sé con certeza si lo tendrá. ¿Será feliz? ¿Amará y será amada? ¿Conseguirá vivir de algo que le apasione? No lo sé. Lo único que sé es que un día morirá. Y ni siquiera sé cuántos años tendrá para exprimir esa parte bonita que (a veces) también tiene la vida.

Hoy no me pidáis sonrisas, que hay días en los que simplemente no salen. Mañana pasará, también lo sé. Sé que dejaré todo esto a un lado y seguiré con mi filosofía de amar mucho y disfrutar mucho. Y agradecer todo lo que tenemos más aún. Yo soy feliz y tengo la mejor vida que podría tener. Mis días están llenos de amor, tranquilidad y felicidad. Creo que es lo máximo que puede ocurrirte.

Pero hoy… Hoy siento un pequeño vacío en mí. Dejémoslo ahí, es lógico que a veces reclame su sitio.

Marta.

 

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