Malas rachas.

Por suerte la vida es eso, rachas.

Este verano no ha sido del todo idílico. Después de la época del embarazo en la que estuvimos bastante estables y los primeros 7 meses de Sofía en los que parecía que todo iba más o menos bien (dentro de los altibajos de unos padres primerizos), hemos pasado dos meses de mírame y no me toques.

Suelo ser una persona optimista. Llevo ya mucho tiempo viendo la vida a través de ese cristal, mirando el lado bueno de las cosas, agradeciendo a cada segundo el simple hecho de estar viva, disfrutando como una niña de las pequeñas cosas. Sin embargo he de admitir que estos meses… Me está costando. Será por eso que dicen que “las desgracias nunca vienen solas” aunque tampoco es que nada (o casi nada) de lo que nos ha pasado estos meses pueda calificarse como tal. Pero ya sabéis, dentro de nuestra burbuja calificamos según nuestra posición. Porque sí, siempre habrá quien esté peor y de todo se sale (aunque cuando estás ahí no lo creas).

Sin embargo ha sido una tras otra.

Cambios laborales, mudanzas, crecimiento de Sofía que me ha pillado sola (literalmente), más cambios, nacimiento de dos sobrinos (con sus respectivas preocupaciones), dolor por varias situaciones familiares cercanas, más cambios… Todo esto sumado a que mi salud se ha visto muy afectada, no consigo encontrarme bien ni un solo día y que me han dado un portazo laboral en las narices y me he quedado cazando moscas.

Así que sí, he pasado una mala racha. No he sacado tiempo ni siquiera para cuidarme, ni para comer saludable, ni mucho menos hacer deporte, el blog, el canal, distracciones… Ha sido como tropezar una y otra vez y entrar en un círculo vicioso del que no he sabido salir antes. Pero la semana pasada dije BASTA.

Sólo tú tienes el poder para ser feliz.

Me niego a que la vida se crea que esto va a ser así. JA. Pues no. Si me dan portazos, ya me encargaré yo de abrir ventanas. Si no tengo tiempo para nada, ya me encargare yo de que no me moleste. Si necesito cuidarme de una manera diferente a la que solía hacerlo, porque no me queda otra, lo haré. Pienso adaptarme. 

Porque sé que vendrán las rachas buenas. Esas en que oye, parece que te salen las cosas una detrás de otra. Que a veces ni te lo crees. O que en vez de zancadillas te dan la mano. Así que no, esta mala racha no va a poder conmigo. Y sé que, como todo, el poder está dentro de nosotros. En mí. En mi mente, en mi alma. Yo soy la que tiene el poder de tomar la decisión de no estar mal. De ser feliz. De abrir los ojos y que le den al mundo.

Vuelvo con la cabeza alta, con ganas, con sueños e ilusiones.

Con este post sólo quería deciros que si estáis pasando por una mala racha… Es humano. Que a veces un tiempo ahí metido… Es humano. Que caer y verlo todo negro… Es humano. Pero lo que no debemos hacer es quedarnos ahí, lamentando y mirando. Levantate, pisa fuerte y sonríe.

Sonríe mucho. Las buenas rachas acaban llegando.

Marta

9 ideas sobre “Malas rachas.”

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