Confesiones de mamá: supersticiones

Soy una persona supersticiosa. Mucho.

Hoy vamos con otra confesión, una que tampoco es un secreto porque no escondo, pero que estoy intentando cambiar también así que, si a alguien puedo ayudar, comparto. Y es que, como habéis leído… Soy una persona supersticiosa. Y cuando digo esto, me refiero a que lo soy de verdad. No sólo de evitar pasar por debajo de las escaleras (algo que jamás se me ocurriría, por si acaso), hablo de que cuando es Martes o Viernes 13, me levanto alerta.

¡Qué chorrada! Seguro que lo pensáis, seguro. De hecho yo misma a veces me digo que vayas tonterías tengo. Pero no puedo evitarlo. Me pongo mal dos días antes del día 13, como si esperase que algo malo va a pasar. Me da pánico romper espejos. Se me cruza un gato negro y ya mi mente espera que algo malo pase. No tengo peces en casa porque dan mala suerte. Y así un sinfín de etcéteras.

¿Cómo ha afectado esto a lo largo de mi vida?

Pues para mal, normalmente, para que nos vamos a engañar. Porque poco bueno veo yo en esas supersticiones. Aunque os debo admitir que ha habido veces que me ha ayudado. ¿Por qué’ Porque también he tenido amuletos de la suerte, de la buena suerte. Los llevaba a los exámenes de la carrera y sabía que todo saldría bien si lo llevaba en el bolsillo (ahí va otra chorrada, porque aprobaba por todas las horas de estudio, obviamente). El caso es que mi mente se sentía segura, yo estaba tranquila y era como algo a lo que aferrarme para no preocuparme, mi amuleto estaba allí.

Creo que esto viene también de mi autoestima baja o mi inseguridad, era algo “externo” lo que me decía que podía, porque confianza en mí misma no tenía.¿Qué pasaba cuando el amuleto no estaba? Pues eso, miedo. No me iba a acompañar la suerte y no iba a ir bien. Ya fuera un examen, la operación de alguien, un viaje, etc.

CUANDO TUVE A SOFÍA DIJE: BASTA.

Como ya sabéis tener a Sofía me ha cambiado de arriba a abajo. Aquí no iba a ser menos. ¿Por qué? Porque yo quiero educar a mi hija lo mejor posible y hacer todo lo que este en mi mano para que sea feliz. Y como sabéis también, la mejor manera para hacerlo es predicar con el ejemplo, así que yo no quería que ella algún día pueda ver o escuchar cosas que le hagan pensar que su “suerte”, su felicidad o su vida depende de factores externos como puede ser un gato negro (que poca culpa tiene del color de su pelaje).

Así que aquí me tenéis, intentando matar otro monstruo interior. Son muchos los que intento vencer desde que ella está en el mundo, pero sé que lo hago por la mejor razón de todas. Ser mejor persona para que ella tenga mejor madre.

Ahora estoy convencida de que los días 13 pueden ser maravillosos. De que pisar una caca no me hará ganas la lotería y tirar una copa de vino sólo sirve para manchar el mantel. Ahora veo gatos y no me fijo en su color o no me cambio de acera. Sé que la felicidad está sólo en mí y el número del día no puede determinarla. Que la suerte que tengas o no tengas en la vida no depende de los espejos que rompas. Y que el único amuleto que vale, es el del amor propio y la confianza en uno mismo.

Eso sí, sigo sin pasar por debajo de las escaleras. Pero no me podéis pedir tanto, hay cambios que aún no estoy dispuesta a hacer.

Sonríe, hoy será un gran día 13.

Marta.

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