Me bastó un segundo

Me bastó un segundo para que el mundo se tambaleara. Un segundo en el que tus fuerzas se fueron y no eras el mismo. Un segundo en el que el miedo se apoderó de mí y mi mente luchaba por no ser arrasada por él.

Me bastó un segundo para arrepentirme de nuestras peleas, que son pocas, sí, pero que deberían no existir. Un segundo para querer parar el tiempo y pedirte perdón por las veces que pude dañarte sin quererlo o las que no quise ceder sólo por cabezonería.

Me bastó un segundo para sentir que la vida no me pertenece. Que lo que nos empeñamos en pintar con ilusión y sueños, es sólo un futuro más incierto que la lluvia un día nublado. Un segundo para ver peligrar la magia que habíamos soñado.

Me bastó un segundo para recordar por qué estaba allí, contigo. Para saber que amar a alguien es darle todo tu corazón aún sabiendo de la fragilidad de nuestra existencia. Un segundo para entender que siempre estaría atada a ti y que jamás partiría ninguno de los dos sin llevarse la mitad del otro.

Me bastó un segundo para temblar de miedo, angustia, nervios. Para rezar y llorar como cuando era pequeña. Para pensar en tu hija, en el amor que le tienes y que te tiene y en lo importante que eras para ella. Para pensar en la familia que habíamos soñado y la que estábamos consiguiendo ser. Para pensar en nosotros, en los besos y las caricias que nos habíamos dado y en todas las que guardaba en mis labios y en mis manos para darte.

Sólo un segundo basta para cambiar la vida de una persona. A veces somos conscientes de ello, otras no. Hace unos días estuve en ese segundo y jamás agradeceré a la vida lo suficiente el que todo quedara ahí.

Porque contigo cada segundo cuenta, y no quiero pasar ni uno más sin ti.

Sonríe, poco a poco te pondrás bien.

Marta

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