Cuando no llegas a todo

No me da la vida.

Últimamente no paro de repetir esta frase. Y es que es verdad, no me da la vida para todo lo que QUIERO hacer. No son suficientes las horas del día, ni rascando las mínimas horas de sueño posibles. No me dan los días, los meses o los años para poder terminar o llevar a cabo todos los proyectos que mi mente está deseosa por cumplir.

A veces voy de un lado para otro sin apenas respirar, apuntando en la agenda interminables listas de tareas, más interminables aún las de ideas. Acumulo posts en la cabeza, alguno que otro en la bandeja de borradores. Acumulo vídeos grabados sin editar o editados sin terminar. Acumulo emails y mensajes en Instagram que aumentan con el paso de los días, se multiplican y me agobian porque quisiera estar ahí. Siempre.

Pero es que no me da la vida.

O sí. Porque a veces pienso…. ¿De verdad crees que no te da la vida? ¿Qué haces en tus días?

Mi día empieza a las 6 de la mañana. Hasta las 8 le dedico tiempo al blog y al canal, con suerte con Sofía dormida, sin suerte (que suele ser lo habitual) con Sofía colgada de una pierna. Desde las 8 a las 10, desayuno de Sofía y repaso a la casa, a la vez que juego con ella. Siempre está incluida en mis actividades por la mañana. Según lo que toque ese día, como os dejé en el post de mi organización en casa. A las 10 paseo y recados, un par de horas, que me de tiempo a comprar y a que Sofía juegue en el parque. Si no hay nada que hacer (casi todos los días), son dos horas plenas para ella. Sin más.

A las 12 a casa, toca intentar sacar una hora para poder hacer cosas de la universidad. Hay días que hago algo, otros me peleo con Sofía y acabo soltando los libros y abriendo, una vez mas (y ya irán unas 6 ese mismo día) el libro de la Oruga Glotona. A la 13 ya toca ponerse a cocinar y comer con la peque.

A las 14.30 estoy empezando a cambiarme, a las 14.55 salgo de casa. Algo más de media hora en coche, y toda la tarde con clases en el máster. A las 21.15 suelo llegar a casa. La peque suele estar despierta, así que me toca, baño, bibe o dormirla, la hora dependerá del sueño que ella tenga, con suerte, a las 22 está dormida. Esa es mi hora de entrenar. Con las energías que me quedan.

22.45 cena y hasta las 23.30 no suelo terminar de limpiar la cocina, dejar el salón recogido (también será la séptima vez mínimo en todo el día) y demás menesteres nocturnos. Es mi momento de estudiar para la universidad, con el silencio de la noche y todos dormidos. A las 00.30 o 1, me arrastro hacia la cama como puedo.

No tengo tiempo de nada.

Esa suele ser mi conclusión. Y como la mía, la de muchas personas (mamás, papás o no).

Pero… ¿Os habéis parado a pensar si es eso cierto? ¿De verdad no nos da la vida, o es que cada vez queremos hacer más y más cosas? En mi caso, sé la respuesta. Lleno las horas con vida familiar, trabajo en casa, trabajo fuera de casa, cuidarme y más trabajo en redes. 

Entonces, ¿por qué tenemos esa sensación?

Porque siempre queremos más. Queremos tiempo para hacer de todo, y encima hacerlo tranquilos. Queremos poder dedicarnos en cuerpo y alma a nuestra familia y nuestra casa, y mantener la vida laboral, pues es muy importante para e futuro. Queremos sacar tiempo para hacer deporte o cocinar bien. Queremos tener huecos de descanso. Y alguna hora que otra para salir.

Porque igual no nos da tiempo a hacer todo lo que QUEREMOS, pero seguro que nos da tiempo para hacer todo lo que TENEMOS. Y ese tenemos se reduce a… Vivir feliz.

Siéntate, escribe tu día y analiza.

El ejercicio que he hecho yo hoy, es necesario. Analiza de verdad tu día. Observa cómo somos capaces de todo y más, aunque pensemos que no hemos hecho nada. Y cuando te falten horas, vuelve a leerlo y quita lo prescindible. Prioriza. 

Cuando la vida te supere o pienses que no consigues llegar a todo… No te machaques por lo que no haces. Igual que harías con un amigo, date la mano y alaba todo lo que haces. Es mucho. No quites mérito a lo que consigues a diario pensando que no eres lo suficientemente fuerte como para hacer aún más. Dale a tu día a día el valor que tiene.

Y si en algún momento, al final del día, sientes que nada de lo que has hecho te llena como persona, CAMBIA. A mí me hace inmensamente feliz todas y cada una de las actividades que llenan mi día. Si algún día alguna no lo hace, cambiaré. Porque la vida es muy corta como para andar agobiados porque nos de tiempo a hacer más… Y menos si ese más no nos gusta.

Sonríe, y observa tu vida desde otra perspectiva.

Marta

8 ideas sobre “Cuando no llegas a todo”

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