Dale la vuelta a la tortilla #DaleLaVueltaaLaUrticaria

Hubo una época en la que no era yo. Estuve trabajando un año en un sitio donde la gente sólo se movía por maldad. Veía las puñaladas unos a otros, tirar la pelota al tejado del que tenían en frente, criticar, mentir, menospreciar. No estaba acostumbrada y, de pronto, me vi en una guerra para la que no estaba preparada.

Por aquel entonces yo me esforzaba inmensamente. Quería hacerlo bien, era uno de mis primeros trabajos. Trabajé en casa para que no se notase que podría tener algún problema en avanzar, eché miles de horas extras para que se notase mi interés. Pregunté, mejoré, crecí. Pero nunca era suficiente. Siempre estaba mal.

El problema de la gente tóxica

La gente gris tiene un problema, traspasan su oscuridad. Me dejé absorber. Empecé a levantarme sin ganas, a estar allí sin sonrisas. A no decir gracias y a ponerme un escudo para saltar a la mínima de cambio. Atacaba a los demás como me hacían a mí, y después me invadía una tristeza inmensa.

Los días pasaban por mí y yo cada vez era menos yo. Llegaba el viernes e intentaba activar mi otra forma de ser, la cariñosa, amable, generosa, que tanto me gustaba. Pero no podía. Y llegaba el domingo y lloraba. Tardes y tardes llorando porque no quería volver. No allí.

Hasta que dije basta.

Entonces me quedé embarazada. Estábamos buscándolo pero fue tan rápido que no podía creérmelo. Y entonces, decidí que era el momento de cambiar. Decidí darle la vuelta a la tortilla.

Fue como quitarme una venda. Como abrir los ojos. De repente podía ver con claridad que me había estado perdiendo. Y me abracé. Acepté que había sido duro, que la solución fácil era la que tomé en su momento, unirme a ellos, pero que yo no quería ser así. Y mi hija no podía tener una mamá tóxica.

Recuperé las riendas de mi vida. Traté bien a quien me trataba mal, el problema era suyo, no mío. Sonreía a todos. Volvía a tararear. Creí en mi trabajo y me valoré. Me di un par de palmaditas en la espalda, y avancé.

Y entonces ves las cosas claras. Qué quieres hacer y quién quieres ser.

Ahí fue cuando decidí que dejaría de trabajar allí y que, si podía evitarlo, jamás volvería.

Me sentí segura, fuerte, decidida. Quería irme a casa. Quería dedicar mis horas a Sofía. No quería volver a casa de un trabajo que me quitase la alegría para, a rastras, darle los restos de lo que me quedaba dentro. Y cuando me dijeron que no me renovaban el contrato por el embarazo, sonreí. Di las gracias y me di media vuelta. Sin más.

Coger la sartén por el mango. Aprender y avanzar.

De mi época allí saco muchas cosas positivas. Me llevo el haber aprendido a tratar con gente tóxica. Es importante, ya que nos la encontraremos a lo largo de la vida en muchos sitios. Saber crear tu burbuja, dejarles fuera. Saber que si alguien te trata mal, que tú se lo devuelvas no te trae nada bueno. Al revés, te aleja de ser feliz.

Me llevo el haber decidido aún con más seguridad que quería criar a Sofía sin distracciones. Con tiempo. Todo el tiempo del mundo. 

Y me llevo el sentirme más fuerte. El conocerme más, también esa parte oscura que jamás había salido. También los días, semanas y meses grises, que jamás había tenido, para saber que no quiero ser así.

Fue una situación que podía haber definido quien soy. Que lo estaba haciendo. Que me estaba haciendo gris, triste y malhumorada. Pero salí de ella más feliz, fuerte y sonriente que nunca. 

Y tú, ¿no crees que es hora de darle la vuelta?

Puede que en este momento te sientas perdido. Puede que todo se te haga un mundo, que hasta lo mínimo te parezca grande. Puede que no sepas qué hacer o cómo responder ante esa enfermedad. Pero tranquilo, tú también puedes salir más fuerte de esto.

A veces las situaciones más difíciles son las que pueden sacar cosas buenas de nosotros. Si sufres urticaria, tampoco estás sólo. Deja que te ayuden a darle la vuelta a la tortilla. Que sepas que, si te sientes superado como me sentí yo, tienes a gente a tu lado que puede seguir el camino contigo. Dándote la mano cuando cueste.

Te dejo dos webs donde buscar información y que te ayuden a salir del bache. Puedes entrar en AAUC y en la web Tú cuentas mucho. Y seguir sonriendo. Que nada te borre la sonrisa. No estás solo.

Yo perdí un año de mi vida entre oscuridad, pero se sale de ella. No lo olvides.

Sonríe, el camino a veces tiene baches, pero siempre pueden saltarse.

Marta

Este por forma parte del carnaval de posts de la campaña #dalelavueltaalaurticaria de Madresfera que podéis ver aquí.

 

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