Ama(te)

Mira (te).

¿Qué ves? ¿Te has descubierto mirando tu reflejo y odiando lo que ves? ¿Quizá has empezado a cambiar tu vida porque lo que tienes no es lo que se supone que deberías tener? ¿Tal vez hoy apenas has probado bocado porque no te gusta lo que esa imagen te devuelve? ¿Igual tu cuerpo se ha quedado diferente después de algo en especial? ¿Quizá tus hijos son los que lo cambiaron al venir al mundo?

Piensa (te).

Pero puedes parar un momento para pensar(te). Pensar en ti, pero de verdad. Pensar en como sonríes por la mañana, en como ayudas a la gente. Quizá no has pensado en las veces que sales corriendo detrás de tu peque para hacerle cosquillas. O en las horas que te pasas con él en tus brazos acunándole. Igual no has pensado en las horas sin dormir, en la carga mental que te pesa, en el trabajo al que vas cada día por mantener tu familia. Tal vez no hayas caído en las carreras para llegar al cole, los abrazos infinitos, los llantos de preocupación y en los días de Navidad.

Todo eso está ahí. Cada día. Ese cuerpo que quisieras cambiar, ya hace todo lo que de verdad te importa en la vida.

Abraza (te).

Sé gentil contigo misma. Acaricia esa piel que tantas cosas ha pasado. Abraza ese cuerpo que tantos momentos ha vivido. Agradece esos músculos que tantas veces te han respondido. Abraza tus formas. Son tuyas y, tal y como son, son perfectas.

Cierra los ojos y los oídos a aquellos que quieren hacerte pensar que hay algo más a parte de eso. No es cierto. Ni los kilos, ni la talla, ni tu piel, ni el color, ni la suavidad que tenga, ni la firmeza, ni nada. Nada puede, ni siquiera, acercarse a la importancia que tu cuerpo tiene para ti.

Perdona (te).

Perdona(te) si alguna vez has sido demasiado exigente contigo mismo. Porque quizá algún día no te hayas tratado bien. Quizá algún día no te hayas hablado como lo harías con un amigo. Tal vez alguna de las miradas que te devolvía el espejo eran de asco o tristeza. No te preocupes, somos humanos.

A veces nos hacen no vernos, nos cambian el punto de vista y es difícil olvidar ese momento. Por eso no te preocupes si algún día pensaste que esa piel no era suficiente, hoy respira, y piensa que lo es.

Y, por supuesto, ama (te).

Con el paso de la vida por cada parte de ti. No eches de menos cómo fuiste, no desees cambiar lo que serás. Simplemente ama(te). Porque gracias a ese cuerpo, tan tuyo, lo mejor que te ha pasado en la vida puede llamarte mamá. Porque gracias a ese cuerpo, tan tuyo, la persona que te ame besará cada centímetro, sin importarle más. Porque gracias a ese cuerpo, tan tuyo, estás aquí y ahora, y puede que sonriendo. Sonriendo porque al final, sabes que al mirar(te) en ese espejo ves a la única persona con la que vas a compartir cuerpo y alma toda tu vida. Quiere (la).

Ojalá algún día no haga falta que te recuerde que eres perfecta como eres. Ojalá no te juzguen, ojalá no te señalen, ojalá no te comparen. Ojalá no te obliguen a despertar con buena cara, o vivir sin demasiado maquillaje pero tampoco sin nada. Ojalá no te digan que entrar en esa talla importa, que si no, tienes muy poco o eres plus size. Ojalá te dejen en paz con tus cualidades, que son únicas, son tuyas y que ellos se atreven a llamar defectos.

Pero hasta que ese momento llegue, hasta que a ellos también les haga la vida ver lo que de verdad importa, sonríe, a veces la maternidad nos enseña cosas que pensamos que no aprenderíamos nunca, aunque lo hagamos porque ellos aprendan de nosotros a querer(se) tanto.

Marta

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