Aborto bioquímico. Lo que me ha dejado.

La naturaleza es caprichosa. Y la vida. La muerte ya, ni hablamos. Cada día leemos, vemos y escuchamos historias que nos dejan el corazón encogido, que nos duelen a pesar de no ser nuestras y que nos marcan. Historias de familias rotas, de amores perdidos, de enfermedades que no esperan a nada ni a nadie cuando llegan.

Por eso, y por tener la inmensa suerte de no haber vivido ninguna de ellas, hoy puedo sonreír. Sonreír con tristeza, porque nadie nos quita las cosas malas que nos pasan, por mucho que sean menores que las de alguien que está al lado. Son nuestras.

La intuición de que algo no funciona.

Mi madre siempre me dice que siga mi intuición y mi instinto. Nunca mi instinto me había gritado tan fuerte como en este embarazo. Se lo repetí a Carlos muchas veces. “No estoy segura, creo que algo no va bien”. Pero claro, siempre tenemos esa duda, y no siempre se cumple.

He pasado dos semanas con unos síntomas horribles. Muy acentuados. Mareos, náuseas, sueño, hinchazón en la tripa, pulsaciones elevadas y mucho dolor tipo menstrual. Y, de repente, nada. Sin sueño. Sin mareos. Me encontraba bien. Y el sentirme bien hizo que supiera que algo había terminado. Y un nudo en mi garganta creció.

El lunes manché un poco por la mañana. “No te preocupes, te pasó con Sofía, a muchas mujeres les pasa, es normal…” Pero no. Yo sabía que no. Sentía que no. Así que fuimos a que me revisaran. Y entonces, una ecografía vaginal y una analítica después (y 4 horas en urgencias), aborto bioquímico.

Pero… ¿Qué es eso? ¿Qué ha pasado? ¿Qué va a pasar?

Nunca había escuchado esas dos palabras que para la ginecóloga resultaban las más obvias del mundo. Y miles de preguntas en un segundo. Tampoco te dicen mucho y eso no ayuda demasiado.

  • Ahora mismo no estás ya embarazada. Si no sangras en unos días, vuelve y te diremos qué hacer.
  • Pero… ¿Y el test positivo? ¿Era erróneo?
  • No. Estabas embarazada pero algo no ha salido bien y se ha producido un aborto.
  • Vale.

Y a casa. A esperar sangrar para no tener que volver. Y todas esas frases que ya sabes, que son verdad, pero que no te apetece escuchar.

Sí, sé que todo saldrá bien.

Sí, sé que podía haber sido más adelante y hubiera dolido más.

Sí, sé que si algo va mal, mejor que la naturaleza sea la que actúe.

Sí, sé que podemos seguir intentándolo.

Sí, sé que si no me hubiera hecho el test, igual ni me habría enterado.

Sí, sé todo eso.

Pero también sé otras muchas otras cosas.

Sé que este bebé era algo buscado, algo para lo que me he preparado y algo deseado.

Sé que ha estado aquí, porque he podido sentir los cambios que causaba en mí.

Sé que de haber salido bien, el 7 de Octubre era su día para venir al mundo.

Sé que igual se hubiera parecido a Carlos, o quizá a mí. 

Sé que le hubiera abrazado, amado y cuidado con cada centímetro de mí.

Sé que mi cuerpo ahora sabe que no está, y está sufriendo físicamente por ello.

Sé que todo sigue igual para todos, pero a mí me falta algo.

Y así me dejó.

Me metí en la ducha. Pensé que el agua es como el tiempo, que dicen que lo cura todo. Acaricié mi barriga y en ese momento sentí el vacío. Literalmente. Sentí un hueco en mi interior que no sé explicar. Como si alguien se hubiera encargado de sacar todas mis entrañas y hubiera dejado un caparazón hueco.

Lloré. He llorado cada día desde que se fue. O desde que me enteré que no era. Que no estaba. Que no sería. 

Y sí, sé que hay cosas peores. Doy mi amor, mi cariño, mi respeto y mi apoyo a todas las personas que pasan por cosas realmente complicadas en la vida. Pero este es mi dolor. Mío. Es justo que lo sienta, que lo llore y que lo sufra.

Y ya estoy mejor. Pasan los días y ese hueco se llena de abrazos de Sofía, de besos de Carlos y de palabras de amor de los que me quieren. Sé que me dicen que esto quedará sólo como un mal recuerdo y llegaré a olvidarlo… Pero se equivocan. Las cicatrices que lleva una mujer por dentro, aunque no las comparta con nadie más, no se borran nunca.

Hay huecos que pertenecen a alguien que no llegó a nuestros brazos, y ahí se van a quedar. Por ellos y por nosotras.

Sonríe, aunque sea una sonrisa triste por un tiempo.

Marta.

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