El amor.

Estoy enamorada. Hasta los huesos.

Estoy enamorada del olor del café y las tostadas en casa por la mañana. De cómo se abre la puerta poco a poco cuando Sofía se despierta y aparece con su sonrisa detrás del chupete y corre para darme un abrazo. 

Estoy enamorada del sol que me acaricia cuando salimos a la calle cada día. Hasta del frío, porque sé que para que exista el verano debe existir el invierno. Estoy enamorada de los días de lluvia, de esa sensación de querer abrazar a los tuyos debajo de una manta y ver películas hasta que anochezca.

Estoy enamorada de mí.

Estoy enamorada de mi cuerpo. De sus cosas bonitas y de esas que no me gustan tanto. De mi cuerpo que me ha permitido ser madre, hija, hermana, amiga, amante, mujer. Enamorada del cansancio después de una carrera, de la relajación tras una clase de yoga y hasta de su forma de decirme que estoy estresada, pues así me avisa para que vaya más despacio.

Estoy enamorada de mi forma de ser. De cómo quiero mejorar cada día. Hasta de esos momentos en los que me equivoco, porque sé que aprenderé de ellos y sólo me harán más fuerte. Enamorada de la dedicación a todo lo que hago y de haber conseguido tener a tanta gente bonita conmigo.

Estoy enamorada de vosotros.

Estoy enamorada de mis amigos. Y de mi hermana y mi familia. De esos que llevan aquí muchos años y de los que entraron en mi vida hace poco. De los que puedo ver a menudo y de los que tengo lejos y aún así siento cerca. Estoy enamorada de los chats con miles de mensajes sin leer y de sentir la confianza de aparecer cuando puedo, porque todos comprendemos lo difícil que es la vida. Estoy enamorada de los audios de media hora o de los de un minuto. De los que, de repente, un día te sonríen y te cambian el rumbo, y se convierten en los protagonistas de todas las canciones que escuchas.

Estoy enamorada del que me lee cada día. O a veces. O nunca. De los que me dejan comentarios bonitos que me hacen ser feliz a diario. Y de los que me dejan comentarios malos, porque me doy cuenta que la gente buena les supera con creces. Enamorada de cada palabra de cariño, apoyo y en definitiva, amor sin condiciones.

Estoy enamorada de mi trabajo.

Sí, mi trabajo. Ese que me quita horas de sueño, que a veces me da algún disgusto y que otras tantas me obliga a dar mil explicaciones. Pero que a mí me hace levantarme con ilusiones, ideas y ganas. Me hace crear y crear. Darle vueltas a la cabeza, porque me llena inmensamente ver los resultados. Ese que me hace ser mejor persona y me permite seguir amando a más gente cada día.

Estoy enamorada de ellos.

Estoy enamorada de mi hija. De su olor. De su forma de reírse cuando le toco la palma de la mano. De sus “no” infinitos. Enamorada por cada vez que me pide que le cante, cuando dice “más”, y al final se queda dormida. De sus rabietas, porque eso implica que está creciendo, que está sana y que está descubriendo el mundo. Estoy enamorada de su pelo indomable. De su voz. De su ombliguito para fuera y de esa forma de correr desde que tenía 9 meses.

Y estoy enamorada de Carlos. En el sentido más amplio que puede tener la palabra AMOR. Enamorada de sus ojos, de las miradas que buscan sonrisas y de las que buscan algo más. De sus caricias. Estoy enamorada de su forma de ser, de su preocupación por lo importante y de su capacidad de quedarse solo con lo bueno. Estoy enamorada de su manera de ver el mundo y la manera en la que ha mejorado mi visión del mismo. Enamorada desde el primer día que le vi. 

Estoy enamorada de la vida. Hoy, y cada día desde que estoy en este mundo. Porque creo firmemente que el amor es la respuesta a todas las preguntas y la solución a la mayoría de problemas. 

AMAD. Y cuando no seas capaz de amar algo, déjalo ir. Aparta tu camino. Si no es amor lo que tienes que dar, no merece la pena.

Sonríe, el día del amor puede dedicarse a todo el mundo.

Marta

 

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