Queridas hormonas.

Queridas hormonas:

Últimamente me estáis haciendo daño. Sé que es parte de ser mujer. Sé que es un precio que tengo que pagar por haber podido ver crecer a mi hija en mi interior, haber compartido cuerpo con ella y haberla sacado al mundo el día en que nació. Y, en parte, lo pago con gusto.

Sé que estáis ahí. Lo noto cada mes. Cuando cambiáis mi estado de ánimo, cuando cambiáis mi humor. Cuando incrementáis mi apetito, cuando hacéis que me duela la cabeza, la tripa y casi todo el cuerpo.

Sé que estáis ahí, pero desde hace dos meses os habéis vuelto locas. Ya no sé ni cuando estáis ni cuando no, parece que cada día del mes os gusta asomar de alguna manera. Sé que lo que pasó tampoco os gusta y que vuestra forma de revelaros es esta, cambiando y cambiando.

Pero ya basta. Ya está bien.

Será que no es fácil para vosotras tampoco. Tan regulares, tan acostumbradas a subir y bajar todos los meses cuando os toca. Tan hechas a hacer vuestra función cuando se os llama al escenario, que no supisteis que pasaba cuando, de repente, la obra cambió de guión. Es complicado, lo entiendo.

Pero estoy cansada, y no ayudáis.

No ayuda porque no me dejáis encontrar la estabilidad. Porque seguís revoloteando sin ton ni son, porque habéis hecho que pase dos semanas encontrándome fatal. No ayuda, cuando intentas salir de algo, que empujéis abajo y abajo. Que hagáis que sienta nauseas, dolor en el pecho y provoquéis que segregue leche. No ayuda.

No ayuda que un día quiera saltar de la euforia y la motivación y al día siguiente me dejéis mustia y con ganas de llorar. O hagáis que todo me siente mal y que me enfade a la más mínima.

Vale, no sois sólo vosotras, también soy yo.

Sé que yo tampoco ayudo. Que he estado decaída y que os he hecho más caso del habitual. Sé que alguna contestación mala no era culpa vuestra, que quizá sólo era mía. Sé que alguna tableta de chocolate que comí no os pertenece, quizá solo quiero echarle la pelota a alguien.

Yo estoy intentando seguir. Pasar la página y sonreír sin más. Así que, hagamos un trato queridas hormonas: yo me porto bien, y vosotras volvéis a la normalidad. Que ya con eso tenemos bastante.

Sonreíd, que en el fondo sois majas.

Marta

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