Cómo ser feliz aquí y ahora.

Este fin de semana hablaba con una persona muy especial para mí sobre lo que nos cuesta ser felices aquí y ahora. Es decir, vivir en el presente.

Cuando nos anclamos al pasado.

A veces, sin darnos cuenta, nos pasamos los días con la cantinela de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Porque tú tenías, porque tú eras y porque tú estabas. El presente se nos queda corto, siempre nos gustaría volver a atrás para vivirlo.

Incluso cuando lo que hemos vivido no ha sido bueno, queremos y pensamos en volver atrás para solucionarlo. Y damos vueltas al qué hubiera pasado si… Y qué tendría ahora si en vez de hacer esto hubiera hecho aquello…

Cuando nos anticipamos al futuro.

Y es que otras veces, ni muchas ni pocas, vivimos pensando por y para nuestro futuro. Seré feliz cuando llegue el fin de semana y por fin pueda descansar. O cuando lleguen las vacaciones y pueda irme de viaje. O cuando ganemos más dinero y me compre esa casa, ese coche, esto o aquello.

Porque tú tendrás, tú serás y tu estarás.

Y en lo negativo, igual. Seguro que me echan del trabajo. Qué haría yo si… Y presiones, agobios, metas y planes del mañana que nos llenan el hoy de preocupaciones.

Pero, ¿qué tenemos realmente?

El ahora. Aquí y ahora. Tienes este momento, que te agradezco que estés compartiendo con mis palabras. Tienes un instante para ser, hacer, pensar y sentir.

No nos damos cuenta de cómo pasa la vida. Esa persona me dijo: “A veces he vivido por inercia”. Porque tenemos que levantarnos, tenemos que ir a trabajar, tenemos que comprar cosas para poder enseñarlas, tenemos que viajar a lugares para poder contarlo…

Y esa espiral de vivir por inercia sólo nos va a llevar a una cosa, el vacío del presente.

Mañana… Quién sabe. Ayer… Ya pasó.

Cuando te das cuenta de que estamos aquí de paso, es cuando recibes cada día como si fuera un regalo. Literalmente y sin exageraciones. Tienes un día más. ¡Qué maravilla!

Y haces de tus experiencias algo único. Y agradeces cada pequeño gesto que tienen hacia ti e intentas poner amor en cada gesto que haces hacia fuera. Y sonríes más. Y te preocupas menos.

Me gustaría que Sofía reciba el hoy como un regalo. Que sepa que tenemos mucha suerte de estar aquí, así. Que nos podría ir mejor, pero nos podría ir mucho peor. Y que no necesitamos más.

Y oye, eso no nos deja libres de responsabilidades. Cómo esto son dos días, haré lo que quiera y punto. No. Porque siempre lo digo, igual son dos días que son 90 años, y en ambos casos debes cuidar de ti y de los tuyos. Pero una cosa es vivir resignado, enfadado, triste o agobiado, y la otra es vivir agradeciendo, creando, aportando y sonriendo.

Disfruta de la vida que se te ha dado.

Y, como siempre, sonríe, porque sobran motivos.

Marta.S

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