Crisis de alimentación

¡Buenos días! Hoy vengo a hablaros de nuestra experiencia en estos dos años que tiene Sofía en relación con la alimentación saludable que estamos intentando inculcarle desde el principio.

Los comienzos, muy buenos.

La verdad es que nosotros tuvimos mucha suerte al principio con la peque. Empezó comiendo de maravilla, probaba todo lo que preparábamos y, aunque no practicamos el BLW al 100% como os conté en este post, ella comía los purés de maravilla y, además, le íbamos dando trocitos de alimentos que nos daban seguridad.

Desde que cumplió los 10 meses, ya comía todo prácticamente sólido. Y daba gusto verla comer. La verdura a dos manos, fruta a todas horas, pescado, carne, lácteos… ¡Todo! Eso sí, todo saludable. Hasta mucho más tarde no ha probó nada de azúcar, ni ningún tipo de chuchería, nada.

En ese primer año tuvimos una única crisis de alimentación, de los 9 a los 11 meses. En esos dos meses Sofía apenas comía nada. Nada. Un dedo de potitos, un poquito de pan. Y leche, por suerte siempre ha bebido mucha leche. Pero esos meses lo pasamos regular porque ver que tu hijo no come, duele. Acabaron pasando, y volvió a comer genial.

Cuando empezó la escuela infantil.

Este ha sido uno de los grandes “hitos” de su vida hasta ahora, por todo lo que implicaba el cambio. Al principio iba de 9 a 14 pero no se quedaba allí a comer, seguía comiendo aquí en casa. Durante este mes que probamos así, no conseguí que comiese ni un sólo mediodía.

Llegaba tan cansada del cole, que no quería probar bocado y sólo quería dormir, porque además no conseguían dormirla en la escuela infantil. Así que probamos con que se quedase a comer en el comedor (después de ver que el menú encajaba en mi forma de alimentar a la peque).

Fue un acierto total. Allí comen a las 12:30 y se lo come todo, ¡todo!. Y cuando llega a casa sólo tiene que dormir y listo. Otro ejemplo de que nuestra forma de criar es ensayo / error, hasta que encontramos lo que mejor nos va a todos como familia.

La peor crisis, a los 20 meses.

Pero en verano, hemos pasado la peor crisis de alimentación de todas. Quizá porque yo me lo he tomado “peor”, la veo más grande, tan activa, no para en todo el día, que cuando dejó de comer, me daba mucho miedo que enfermase.

Pasaban los días y otra vez decía que no a todo. No quería verdura, fruta, pescado, carne, ni siquiera pasta o arroz que era siempre un triunfo. Sólo quería leche, unos 5 biberones al día. Se lo achacaba al calor, pero no deja de ser difícil ver que pasan los días, las semanas y los peques no comen.

Qué hemos hecho.

No os negaré que me entraron ganas de darle ciertas cosas menos saludables para ver si así al menos comía algo. Y puedo entender a todas las madres y padres que lo hacen en situaciones límite, no puedo imaginar el infierno de que un hijo no coma día tras día y mes tras mes.

Pero Sofía estaba sana, estaba genial de peso y estaba animada, así que como no vimos problemas de salud, decidimos simplemente esperar. Tener paciencia y respirar. Seguía ofreciéndole la comida de siempre, comida sana, que es la que se come en esta casa.

¿No quería? Pues que no comiese. Le ofrecía un par de cosas diferentes saludables por si le apetecían más (algo de fruta, algo de verdura) y si no quería, la dejaba tranquila. Así que nuestra actitud ha sido no forzar, no ofrecer alternativas menos saludables y esperar.

Por suerte, una inmensa suerte, ha funcionado. De repente un día, empezó a comerse el brócoli de nuevo a dos manos. A pedirme plátano a media tarde, a comerse la comida que ponía con ganas y disfrutando. Así, de un día para otro, tal y como se fue el hambre o interés, volvió.

Mi consejo: TÚ sabes qué es lo mejor para tus hijos.

Infórmate. Pide consejo, escucha, lee. Pero al final, tú eres quien está en casa con ellos, quién los conoce de verdad, quién sabe qué será mejor, qué puede funcionar o qué no. La alimentación de los hijos es una de las cosas más duras que hay, cuando no funciona bien.

Pero al final, espero, acaba pasando. 

Os voy a dejar dos posts maravillosos, para que sepáis lo que sufren muchas personas con este tema y lo duro que puede llegar a ser. Mi historia es nada, es un pequeño bache, pero también quería compartirlo. Cuanto más compartimos, más sabemos que no estamos solos y mejor se pasan las crisis, todas.

Este post de Reiniciacc es alucinante. Estuve con el nudo en el estómago del principio al final. Historias así merece la pena ser contadas, porque seguro que no es la única, ni mucho menos, en pasar por un infierno así.

Este post de Cachito a cachito, sobre las posibles consecuencias de una mala relación con los alimentos en la etapa infantil. Para que pensemos que es importante, que hay que preocuparse y ocuparse, y, como siempre, intentar hacerlo lo mejor que podamos. Pase lo que pase.

¿Cuál es tu experiencia con la alimentación de los más pequeños? ¿Qué has hecho o qué has sentido en esos momentos de “crisis”?

Sonríe, las rachas duras también pasan.

Marta

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