Equilibrar tu vida: ser madre y mujer

El tema de hoy es personal, es delicado y es importante. Antes de nada, este es mi punto de vista, desde mi experiencia personal, desde mis circunstancias y desde MI vida. Pero estaré encantada de escuchar el tuyo, ¡así podemos enriquecernos más aún!

Cuando te conviertes en madre, pierdes parte de tu identidad.

No podía imaginarme esto hasta que nació Sofía. De repente, dejé de importar. Literalmente. Y dejó de importar todo lo demás, para que la vida girase continuamente en torno a un solo tema y un solo foco: ELLA.

Las horas eran para ella, los días, los meses, los pensamientos, las fuerzas. Todo. Se me olvidó qué me gustaba hacer, cuidarme, pensarme. Qué quería, qué importaba o qué más había a parte de ser madre. Porque en el momento en el que llegan, no hay nada más.

Y los primeros meses fueron duros, mucho. Entre el agotamiento, las dudas, los miedos y esa pérdida de identidad, muchas mujeres encuentran en la que debería ser una etapa maravillosa, una etapa muy dura y más que complicada.

Decidir equilibrar tu vida, es cosa tuya.

Así que, un día, me senté a hablar con Carlos. Necesitaba ser yo misma de nuevo. Necesitaba proyectos que no fueran solo los relacionados con los cuidados, necesitaba tiempo para cuidarme por dentro y por fuera, y necesitaba sentirme yo de nuevo.

Para mí, sin ninguna duda, poder tener espacio para ser tú, depende mucho de la persona que tengas al lado, o de la ayuda con la que cuentes. No sé como se organizan o lo hacen las familias monoparentales, pero seguro que podéis encontrar sus experiencias en otro sitio.

Para mí fue fundamental el hacer equipo. Compartir responsabilidades pero, sobre todo, compartir el tiempo.

Desarrollo profesional.

Cuando nosotros decidimos tener hijos, ambos estábamos de acuerdo en que uno de los dos se quedaría en casa con ellos (siempre que económicamente pudiésemos), para que su desarrollo los primeros meses o años, fuera el mejor posible. El trabajo de Carlos era más estable y a mí se me acabó el contrato estando de 5 meses y no me renovaron, así que no hubo que hacer muchas cábalas de quien se quedaba en casa.

Y cuando nació Sofía, me parecía más que suficiente el trabajo de criarla. Pero, poco a poco, esa dependencia suya hacia mí se fue haciendo un poquito más leve, me fui adaptando a mi nueva vida, y necesité más.

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Por aquel entonces ya tenía el canal de Youtube e Instagram, que ocupaban gran parte de mi tiempo “libre”. Pero me abrí el blog, y empecé a tomarme eso que había sido un hobbie como un trabajo. No remunerado en un principio, pero para mí lo era. Una responsabilidad para conmigo misma, horas de esfuerzo, concentrarme en algo que no fuera la crianza… 

Y, por si fuera poco (que no lo es, para nada, aunque quién no se dedique a esto no pueda imaginarlo), me apunté a un máster de Profesorado para reincorporarme a la vida laboral con más preparación.

Tener responsabilidades fuera del trabajo de casa me ayudó a sentirme mejor.

Y no digo que el trabajo de casa sea poco, para nada. Ni que sea menos importante, ni que no podamos sentirnos llenos sólo con él. Porque no pienso así. Pero para mí, no era suficiente. Y un trabajo “normal” no me permitía criar a mi hija, pero esto sí. Con el paso del tiempo pasó a ser más serio, y ahora mismo me sigo dedicando a eso. Con toda la felicidad, beneficios y también riesgos y sacrificios que ello aporta.

El tiempo de ocio, para todos.

Y, a parte de sentirme realizada profesionalmente, necesitaba un hueco para esas cosas que me gustan y me hacen feliz. En mi caso, el ballet y el deporte.

Aquí es donde digo que me parece muy importante el papel de la pareja, porque nosotros hicimos equipo para no tener que depender de nadie más. Es nuestra vida, así la hemos elegido, y lo que sabíamos es que no íbamos a “cargar” a nadie porque nosotros hubiésemos decidido tener hijos.

Así que hablamos, probamos diferentes maneras de hacerlo y, como todo, a través de mucho ensayo y error, llegamos a cuadrarnos. Yo tengo tiempo para hacer deporte sola, mientras Carlos se queda a cargo de Sofía, y él tiene tiempo para hacer las cosas que le gustan, mientras yo cuido de ella.

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Mi suegro siempre me decía que lo importante es el equipo, y no lo había llegado a entender hasta que no nos vi tan compenetrados en ello. Sin quejas, sin reproches. El uno por el otro y el otro por el uno, por la felicidad de toda la familia.

Y es que al final, tu felicidad es la de todos.

De nada sirve ser una madre entregada las 24 horas y los 7 días de la semana, pero estar triste, vacía o simplemente, olvidarte de ti. Cuando nuestros hijos crezcan, ahí seguiremos nosotras. Con nuestra identidad, con nuestra forma de ser, con todo.

Cuidarnos durante estos años, querernos y darnos importancia dentro de los roles familiares, nos dará más felicidad, más energía, más fuerza. Llegará al momento en el que ellos se vayan y sigan su vida, y nosotras aún nos reconozcamos en el espejo, porque nunca hemos dejado de estar ahí.

Cuídate, quiérete. Eres importante. Como todos. No lo olvides.

Sonríe, la maternidad es maravillosa cuando aprendes a llevarla.

Marta

 

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